John Maus
La espera terminó la noche del Día de Muertos. John Maus se presentó por primera vez en México en el Teatro de la Ciudad Esperanza Iris, donde poco más de mil personas se reunieron para presenciar el show de uno de los personajes más estimulantes y queridos del pop experimental de este siglo. El músico estadounidense, originario de Austin, Minnesota, llegó al recinto con una propuesta que encontró en la magistral arquitectura del teatro un escenario preciso: una combinación de líneas de bajo estridentes, pulsaciones rítmicas y una voz de barítono que oscila entre lo lúgubre y lo solemne.
Maus fue puntual. Sin demasiadas formalidades, abrió el concierto con ‘Castles in the Grave’, que inmediatamente puso en movimiento al público y lo envolvió en su atmósfera. La intensidad se mantuvo con ‘Because We Build It’, ‘…And the Rain’ y ‘No Title (Molly)’, antes de que ‘Quantum Leap’ elevara el aura del recinto; esas líneas de bajo persistentes navegaron perfectamente entre sus impredecibles sintetizadores, mientras esa clásica voz cargada de delay y reverb elevaba el dramatismo de la composición. Fue uno de los primeros momentos en los que la música dejó de ser únicamente objeto de escucha para convertirse en una brutal experiencia sonora.
Con buena parte del teatro ya de pie, comenzó a reconocerse ese seductor ritmo en el estribillo de la intro de ‘Rights for Gays’ y la respuesta fue inmediata. El tema de Love Is Real desató el baile y Maus, extasiado, recorrió el escenario corriendo, como si la energía acumulada en el público también lo hubiera alcanzado. El ambiente adquirió entonces una dimensión distinta: el lugar estaba encendido como pocas veces —o nunca— se había visto.
Un par de temas después llegó uno de los momentos más esperados de la noche. Los sintetizadores retrofuturistas de ‘Streetlight’ enloquecieron a los presentes: sonó tan perfecta como en el estudio y alcanzó el clímax de la noche sin necesidad de recurrir a grandes artificios.
John continuó con clásicos como ‘Time to Die’, ‘Do Your Best’ y ‘Disappears’. Más adelante, ‘Keep Pushing On’ devolvió al Esperanza Iris el faro de We Must Become the Pitiless Censors of Ourselves, uno de los trabajos fundamentales de su discografía. Su estética minimal wave, sostenida por patrones repetitivos y una carga expresiva que no pierde tensión, encontró mucho más entusiasmo del previsto; el tema funcionó como un recordatorio de la capacidad del ex-Haunted Graffiti para construir canciones que, pese a la economía de sus elementos, adquieren una dimensión casi hipnótica. Fue brillante.
‘Maniac’ y ‘Bennington’ aportaron mucha nostalgia y complicidad con el público, y así cerró ese pequeño ciclo con ‘I Hate Antichrist’, tema que se desprende de su último álbum. Unos segundos pasaron y de inmediato la secuencia instrumental clásica de ‘Just Wait Til Next Year’ envolvió el teatro, convirtiéndolo en cómplice de un momento único con lo que podría ser uno de sus más grandes éxitos.
‘Cop Killer’ fue recibida como uno de los temas más esperados por los seguidores y se notó en la intensidad de los mismos. Su interpretación abrió paso al tramo final del repertorio, con ‘Touchdown’ y ‘Pets’, dos canciones que extendieron el carácter oscuro y melódico de la noche. ¿Había algo más que pedir? Maus abandonó el escenario con rapidez y el teatro quedó a la espera de su regreso.
El encore no fue una simple extensión de lo anterior, sino un cambio escalofriante. Al volver, Maus se situó en el centro del escenario para interpretar ‘Adorabo’, que nos introdujo en una atmósfera inigualable: ese carácter ceremonial, con resonancias medievales, se encontró con una sensibilidad dark wave y experimental que le puso la piel chinita a todo el teatro. Por un momento, el baile cedió terreno a la contemplación; la audiencia permaneció pendiente ante una composición que amplió el espectro sonoro del concierto. Una locura.
Finalmente, ‘Believer’ puso punto final a la presentación. Después de una hora extrema y de mucho sudor, John Maus se despidió de la Ciudad de México dejando la impresión de haber ofrecido algo más complejo que una simple sucesión de canciones en un teatro; esa noche, algunos pudimos presenciar parte de la obra de uno de los músicos más exigentes y brillantes de la década pasada. El Teatro de la Ciudad Esperanza Iris fue testigo de una tocada que durante sesenta intensos minutos trasladó el universo de Maus a un lugar donde la experimentación y el baile congeniaron sin contradicciones. Un saldo liquidado para quienes esperábamos desde hace tiempo verlo en tierras aztecas.