Oasis en su cita con México durante la gira Live ’25. Fotos: Diana Lau Gil
Los de Manchester pasaron una temporada separados pero sus seguidores, marcados por su sinfonía, no los dejaron en el olvido, al contrario, sabían que el día para encontrarse con ellos llegaría, así transcurriera más de década y media. Embriagados por los memorables shows que dejaron a su paso tras Live ’25, su gira de regreso, continuamos con el recuento de lo sucedido con Oasis el pasado fin de semana
Tuvieron que pasar casi 17 años desde la última vez que Oasis pisó México, 16 desde la separación de los Gallagher y una Champions para el Manchester City, antes de que los hermanos volvieran a los escenarios. La noche del sábado 13 de septiembre marcó la segunda cita de su gira Live ’25 en el Estadio GNP Seguros, y lo que ocurrió lo vivimos quienes logramos abrirnos paso hasta la cuarta fila tras la valla, sintiendo en la piel cada gota de lluvia y acorde del grupo británico.
El preludio comenzó desde temprano. A las 10:00 de la mañana ya había aproximadamente 500 personas en fila, cargadas con comida y provisiones para resistir la larga espera bajo la amenaza de lluvia. A las 11:00 llegó un anuncio que alivió la tensión: quienes tuvieran sello podrían retirarse y regresar a las 15:30 horas para el preescaneo del boleto, una tregua que fue recibida con suspiros de alivio antes de volver a ocupar el lugar asignado.

Pero Tláloc no guardó misericordia. La lluvia caía con fuerza; la ropa se empapaba, los tenis se llenaban de agua y los improvisados impermeables apenas protegían. La entrada se retrasó hasta alrededor de las 18:15, esa espera húmeda y pesada se transformó en recompensa cuando se abrió la visión del escenario: la cuarta fila se convirtió en trinchera y altar, un lugar desde donde la noche se viviría intensamente.
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Cage The Elephant calentó el ambiente. La banda estadounidense abrió con «Broken Boy», un tema que atrapó rápidamente a la audiencia con su ritmo pegajoso. Continuaron con «Spiderhead» y «Cold Cold Cold», manteniendo la intensidad, mientras el vocalista Matt Shultz interactuaba constantemente con el público. Le siguieron «Ready to Let Go», «Social Cues», «Trouble», «Ain’t No Rest for the Wicked», «Telescope», cerrando con «Cigarette Daydreams», logrando que los presentes entraran en calor antes del espectáculo principal.

Con puntualidad inglesa, Oasis irrumpió con el legendario «Fuckin’ in the Bushes», un inicio explosivo que convirtió el estadio en un océano de energía. Le siguieron «Hello», «Acquiesce», «Morning Glory», «Some Might Say» y «Bring It On Down», una cascada de clásicos que hizo vibrar a cada asistente.
Desde primera fila se podían apreciar detalles que sólo se perciben tan cerca: las gotas de lluvia sobre los pedales, la energía de Liam en el escenario y la precisión de Noel en cada acorde.
«Morning Glory» en el escenario durante la noche del 13 de septiembre
El clímax llegó cuando Noel tomó la palabra por primera vez en la gira, dio las instrucciones del legendario Poznan antes de «Cigarettes & Alcohol», momento en el que la multitud se transformó en una masa ondulante de cuerpos y voces sincronizadas.
Tras la explosión de «Cigarettes & Alcohol», la banda mantuvo la energía con una secuencia de clásicos que hicieron vibrar a la audiencia. «Fade Away» y «Supersonic» encendieron nuevamente a la multitud, mientras «Roll With It» y «Talk Tonight» ofrecieron una pausa relativa, dejando que los fans absorbieran cada acorde.

La intensidad volvió con «Half the World Away» y «Little by Little», canciones en las que la primera fila podía apreciar la precisión de Noel en las guitarras y la fuerza de Liam al interpretar cada verso, preparando el terreno para la emotiva entrada de «Slide Away», a partir de esta pieza el concierto avanzó hacia los himnos más esperados: «Whatever», «Live Forever», «Rock ‘n’ Roll Star» y, en el encore, «The Masterplan», «Don’t Look Back in Anger» y «Wonderwall».
Durante «Wonderwall», Liam cambió la letra a “I don’t know speak Mexicanou”, provocando risas y reforzando la complicidad con la audiencia, un guiño directo que rompió formalidades y fortaleció la conexión con los fans.
El espíritu de «Wonderwall» en 65 mil asistentes en la segunda fecha de Oasis en CDMX
Esta fecha también tuvo un detalle particular: Liam tomó el sombrero que originalmente llevaba la figura de Pep Guardiola, entrenador del Manchester City de la Premier League de Inglaterra, presente en cada concierto de la gira, y lo lució durante las canciones finales, un gesto que provocó gritos y aplausos.
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El cierre definitivo llegó con «Champagne Supernova», un himno que elevó la intensidad hasta lo épico. Cada acorde parecía expandirse por el estadio y cada voz de los presentes se unía en un coro monumental, creando un efecto casi físico sobre la multitud.

Entre fuegos artificiales y un poco de llanto, quien escribe esta crónica tuvo la fortuna de atrapar las maracas que Liam lanzó al público, un recuerdo tangible de una noche que había tardado años en concretarse.
El saldo físico fue simple: resfriado, zapatos empapados, ropa mojada. El saldo emocional, en cambio, fue monumental. Oasis volvió no para repetir glorias, sino para demostrar que algunas canciones son banderas inalienables; que la distancia ni el tiempo apagan himnos. Desde la primera fila, la segunda noche en CDMX se vivió como única, pero con la certeza de que quedará grabada para siempre en quienes estuvieron ahí.
