Oasis durante la segunda noche en Ciudad de México tras 16 años de ausencia. Fotos: Diego Ruiz
En noviembre de 2008 los hermanos Gallagher visitaron México por última vez como Oasis, previo a los conciertos del 12 y 13 de septiembre de este año en CDMX, ya que tanto Noel como Liam se pasaron por nuestro país antes del esperado regreso, el primero se presentó como telonero de U2 en octubre de 2017 y en el Corona Capital en 2023, mientras que su hermano menor lo hizo en la edición 2022 del mismo festival
Oasis volvió a México tras 16 años de ausencia. La banda británica, liderada por Liam y Noel Gallagher, ofreció un histórico segundo concierto en la Ciudad de México, donde más de 65 mil personas corearon himnos como «Wonderwall» y «Don’t Look Back in Anger». Entre luces, euforia y una atmósfera cargada de nostalgia, el grupo demostró que su legado sigue intacto y que su regreso era una deuda pendiente con el público mexicano.
Antes de la tocada el ambiente estaba impregnado de ansiedad y esperanza, ya que durante años Oasis fue sólo un recuerdo, un eco de canciones que marcaron a varias generaciones, pero esa noche la espera terminó cuando los hermanos Gallagher volvieron a pisar el mismo escenario, y con ellos resucitó la voz de una época, lo que convirtió el estadio entero en un coro infinito.

La banda estadounidense Cage the Elephant abrió la noche, acompañando a Oasis en la esperada gira. Con una descarga de temas como «Broken Boy», «Spiderhead» y «Cold Cold Cold», el grupo convirtió la lluvia en parte del espectáculo y logró convencernos, desde los primeros acordes, que sería una velada inolvidable.
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Lo que durante años pareció imposible comenzaba a volverse real. De pronto, el estadio quedó en silencio y las pantallas encendieron la advertencia: This is not a drill. Entonces estalló «Fuckin’ in the Bushes», un torbellino instrumental frenético y desafiante que transformó la espera en pura adrenalina. Fue el rugido perfecto para anunciar que Oasis volvía a conquistar el escenario.
Las estrellas del Britpop aparecieron triunfales, tomados de la mano y con los brazos en alto mientras los primeros acordes de «Hello» resonaban por todo el estadio. La alegría era contagiosa, tanto en los fans como en los Gallagher. La euforia alcanzó su punto máximo cuando la guitarra de Noel anunció «Acquiesce», en donde todos los asistentes se unieron en un sólo coro: because we need each other, we believe in one another.

Con su simbólico pandero en mano y una sonrisa que mostraba su felicidad por regresar a México, Liam arrancó «Morning Glory» y después «Some Might Say». El estadio se transformó en una marea de energía, los fans saltaban al ritmo de la música, cantaban cada palabra con fuerza y hasta los vasos de cerveza con la leyenda «Oasis» volaban por el aire, convirtiendo cada rincón en un caos festivo.
Otro himno de rebeldía tomó el escenario, elevando aún más la intensidad del show. Con su emblemático solo de guitarra y una batería salvaje que hacía vibrar cada rincón del estadio comenzaron los primeros acordes de «Bring It on Down», desatando la locura entre los fans y manteniendo la euforia al máximo.
El Poznań, aquel ritual heredado del Lech Poznań y adoptado por los hinchas del Manchester City, consiste en dar la espalda al campo y saltar simultáneamente, transformando la grada en un mar en movimiento. Es una celebración que simboliza unidad y rebeldía, dos sellos que también forman parte del ADN de Oasis. No es casualidad que, cuando sonó «Cigarettes & Alcohol», el estadio mexicano se contagiara de esa misma energía, la canción, con su espíritu desafiante y hedonista, evocaba la pasión de Manchester tanto en la música como en el futbol, uniendo a los fans en un coro tan poderoso como un Poznań en pleno Etihad Stadium.
Oasis encendió la nostalgia más cruda con «Fade Away», un tema nacido como Lado B pero cantado como un himno, donde miles de voces recordaban que hasta los sueños de la infancia pueden desvanecerse, aunque jamás la energía de una canción como esta. Poco después la nostalgia dio paso a una sensación de invencibilidad. El estadio estalló cuando comenzó a sonar el riff de «Supersonic», ese primer himno que catapultó a los de Manchester en los 90. Cada verso fue gritado como una declaración de independencia juvenil y la multitud se entregó a la velocidad de la canción, saltando y coreando con la certeza de que, al menos esa noche, todos podían sentirse supersonic.

Cuando llegó el turno de «Roll With It», el ambiente tomó un aire desafiante y optimista. La canción, con su ritmo directo y su mensaje de seguir adelante sin mirar atrás, se sintió como un recordatorio colectivo de resistencia y libertad. Más que un simple momento musical, fue una declaración compartida, aceptar la vida con sus giros y empujes, con la actitud inquebrantable que siempre ha caracterizado a Oasis.
En los momentos más emotivos de la velada, Noel Gallagher tomó el micrófono y, por un instante, se quedó inmóvil, asintiendo con la cabeza mientras el estadio entonaba el emblemático “olé, olé, olé, olé, Noel, Noel”. Luego nos regaló tres canciones tranquilas, pero igual de poderosas que cualquier himno de rebeldía. «Talk Tonight», «Half the World Away» y «Little by Little». Entre el brillo de miles de luces de celular y las lágrimas de los asistentes, estos temas se convirtieron en parte de los instantes más memorables y conmovedores de todo el concierto.
Liam regresó con «D’You Know What I Mean?», y Oasis convirtió el recinto en un auténtico muro de sonido: guitarras densas, batería arrolladora y la voz desafiante retumbaban en cada rincón. Tras la intensidad del tema, Liam pidió al público que hiciera sentir su presencia, que sus voces se escucharan y que nos moviéramos como aves, entonces comenzó a sonar «Stand By Me», envolviendo a todos en un momento de unidad y emoción compartida. Sin duda un momento que es característico en toda la gira de los hermanos Gallagher.

Con «Cast No Shadow», Oasis bajó la intensidad para ofrecernos un instante de introspección colectiva. La delicadeza de la guitarra y la voz de Noel envolvieron el estadio y, por un momento, el bullicio dio paso a un silencio reverente, donde cada asistente parecía captar la fragilidad y belleza de la vida que la canción transmite. Manteniendo la melancolía de la velada, Oasis continuó con «Slide Away», una canción que hizo que todos los asistentes se entregaran por completo en la que cada frase se convirtió en un grito de pasión y entrega, envolviendo el estadio con una energía intensa y recordando por qué esta balada es uno de los momentos inolvidables de sus conciertos.
El público, completamente entregado, comenzó a gritar “Oasis, Oasis, Oasis”, pero un Liam sonriente interrumpió las miles de voces y coreó “México, México, México”. Todos nos unimos a él, creando un coro vibrante que dio paso a «Whatever», interpretada de manera memorable y acompañada por un guiño a «Octopus’s Garden» de The Beatles, una de sus más grandes influencias.
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Liam anunció «Live Forever» y, en ese instante, todos nos sentimos parte de algo más grande. Contagiados por la energía de los hermanos Gallagher, cantamos un himno que nos recuerda la importancia de vivir plenamente y disfrutar cada instante, sin embargo, también era un momento especial para ellos, un instante de hermandad y conexión, donde la música se convirtió en un puente entre la banda y sus fans, uniendo generaciones y emociones en un sólo latido.
Todos, en algún momento de nuestra vida, hemos soñado con sentirnos estrellas de rock, viviendo rápido, llenos de locura y convencidos de nuestra invencibilidad. Esa noche no había duda de que todos los asistentes compartimos esa sensación al escuchar los primeros acordes de «Rock ‘N’ Roll Star», entregándonos por completo a Oasis. Las guitarras rugían, la batería retumbaba y la voz desafiante de Liam envolvía a todos, haciendo que cada fan se sintiera parte del mismo sueño que los Gallagher habían perseguido durante años. Fue un clímax que condensó toda la esencia de Oasis: rebeldía, ambición y libertad. «Rock ‘N’ Roll Star» dejó en cada asistente el efecto de que, por unas horas, todos éramos auténticas estrellas de rock.

Los hermanos Gallagher se despidieron y desaparecieron, al igual que las luces del escenario. Algunos fans gritaban “Noel”, mientras otros pedían a “Liam”, pero todos nos unimos para corear “Oasis”. Poco después la banda salió de nuevo y Noel presentó al grupo para después cantar «The Masterplan». Cuando comenzaron los primeros acordes, el estadio se sumió en un silencio reverente, roto sólo por el brillo de miles de luces de celular que parecían estrellas suspendidas en el aire. La voz de Noel, acompañada por guitarras y teclados majestuosos, envolvía a todos en una sensación de nostalgia y esperanza, como si cada nota contara un secreto sobre la vida y el destino. Fue un instante emotivo, donde la intensidad del concierto cedió a la belleza de la melodía, dejando en cada asistente la certeza de que algunos momentos están destinados a permanecer para siempre en la memoria.
Noel pregunto quién nunca ha visto a Oasis, dijo: “Did you ever wonder what it might be like to sing «Don’t Look Back in Anger» with 70 thousand other people? You’re about to find out, you, you and you”, y comenzó a tocar el tema, al que la audiencia se sumó entonando el icónico estribillo. La voz de Noel flotaba entre guitarras y piano, envolviendo a todos en una sensación de nostalgia, consuelo y liberación. Por un instante, el tiempo pareció detenerse, el público, iluminado por miles de luces de celular, se convirtió en un solo cuerpo y corazón, recordando que, más allá de la furia y los desencuentros, siempre hay espacio para mirar hacia adelante y encontrar la calma en medio del caos. Fue un momento mágico que unió a extraños, abrazados o tomados de las manos sólo para entonar este maravilloso himno en un momento de unión.
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— Oasis (@oasis) September 17, 2025
Las luces se encendieron y vemos a Liam portando un sombrero de charro, el público enloqueció y durante la catarsis comenzó a sonar «Wonderwall», pieza con la que el estadio se llenó de un murmullo colectivo que pronto se transformó en un océano de voces. La guitarra rítmica y la voz de Liam flotaban sobre la multitud, envolviendo a todos en una mezcla de nostalgia y esperanza. Cada palabra parecía viajar entre los asistentes, creando un lazo invisible que unía generaciones y corazones. Por un instante, el tiempo se diluyó, Oasis y su público se convirtieron en uno solo, compartiendo un momento que quedará grabado en la memoria de todos como un himno eterno de conexión y emoción.
Liam dio la bienvenida al último gran tema de la velada: «Champagne Supernova», tras asegurar que ya era hora de dormir, pero que nos amaba. Cuando los primeros acordes invadieron el estadio, un silencio expectante se mezcló con el murmullo de miles de voces que pronto se unieron en un canto colectivo. Las guitarras etéreas flotaban entre las luces de celular que brillaban como un cielo estrellado sobre la multitud, mientras la voz de Liam nos guiaba en un viaje que parecía suspender el tiempo. Cada frase, cada acorde, resonaba como un eco de nostalgia, esperanza y grandeza, y por un instante el recinto entero se transformó en un universo propio, donde la música y la emoción eran una sola. Fue un final que no sólo cerraba un concierto, sino que grababa en cada corazón la certeza de haber sido parte de algo eterno, una experiencia que permanecerá para siempre en la memoria de todos los que estuvimos allí.
El tema concluyo con la guitarra de Noel mientras los fuegos artificiales del color de nuestra bandera comenzaban a estallar en el cielo. La banda se despidió y como un último acto Noel arrojo al público el sombrero de charro que Liam estuvo portando durante las últimas canciones. Oasis salió del escenario y nos dejaron con una supernova de champán que iluminaba el cielo.

La velada incluso contó con la presencia de Matt Helders, baterista de Arctic Monkeys, quien se unió para hacer aún más histórico el regreso de Oasis a México.
La Oasismania, un fenómeno que nos abrazó con intensidad a lo largo de este año, se vivió de una manera espectacular en los conciertos de los Gallagher. Entre ropa de Adidas, jerseys del Manchester City y los icónicos bucket hats, cada detalle nos recordó el legado inmenso que Oasis ha dejado a lo largo de los años, herencia que sigue vibrando en cada acorde y en cada fan que se une a esta enorme celebración.
No cabe duda, los hermanos Gallagher vivirán por siempre.